miércoles, 15 de septiembre de 2010

Nuestra cultura mexicana

Este año, la conmemoración del célebre "grito de independencia" en el BICENTENARIO de éste, ha sido especialmente un tema controversial.

Con tantas situaciones que estamos viviendo como país, las opiniones son muy variadas y totalmente respetables cada una de ellas.

Lo que me tiene ahora escribiendo este pequeño post, es que, viendo por televisión la transmisión del desfile de independencia que se está realizando en la Ciudad de México, es una inquietud que surgió al ver la estampa del Zócalo: La gente en la explanada, enmarcada por la catedral y el Palacio Federal.

A través de los años, más de una vez nuestra iglesia se ha visto amenazada por diversos intereses, y estos tiempos no son la excepción. Vemos cómo se nos ha querido minimizar, anular nuestros derechos y hasta hacer de cuenta que no existimos.

Lo que vino a mi mente en este momento, cuando vi el centro de nuestro país en esa imagen fue: La religión es parte de nuestra cultura mexicana, aunque a algunos no les gusta, aunque muchos más se quejan de ella (a veces sin conocerla), está ahí, en el centro... ¿Por qué me quieren hacer creer que no importa? ¿Por qué con el pretexto de una educación "laica" quieren anular mi derecho a ser católica?

Las respuestas que pueda imaginarme no cambiarán en absoluto la realidad, prefiero continuar haciendo lo que está en mis manos para que mi México querido sea mejor, que cada mexicano viva en plenitud, y mejorar mi entorno cada día....

¡Viva México!

miércoles, 16 de junio de 2010

¿Qué onda con la castidad?

Ayer, charlando con una buena amiga de Orizaba, Veracruz que es maestra en una universidad, ella me platicaba que dio una clase acerca de los métodos anticonceptivos y de las formas naturales de paternidad responsable; me mostraba su inquietud al darse cuenta cómo las chicas estaban más preocupadas por tener relaciones sexuales sin quedar embarazadas que por realmente vivir. Mi amiga se siente de cierto modo responsable de esto, por lo que me pidió algún consejo acerca de cómo manejar el tema de la fertilidad sin alentarlas a tener relaciones sexuales en cualquier momento.

Definitivamente este tema se torna difícil en el ambiente en que ella se está desenvolviendo. La educación que estas chicas probablemente han recibido podría carecer de valores, por lo que cualquier insinuación que su maestra ose hacer acerca de la castidad, puede parecer anticuada y prejuiciosa. Desgraciadamente, es éste el ambiente social que se vive en esta generación y el cual debemos asumir.

En el momento que ella me contaba esto, yo no supe qué decir. Después de mucho pensarlo, he llegado a la conclusión de que los mandamientos que Dios nos dejó, más que prohibiciones, son la forma de vivir en paz con nosotros mismos y en armonía con los demás, lo que nos lleva a estar en amistad con Dios. La castidad (sexto mandamiento), no es una excepción.

Durante la Eucaristía de ayer, después de escuchar el Evangelio según San Mateo acerca del amor, el padre nos habló en la homilía acerca de la palabra AMOR. Hay una teoría (entre otras) que dice que la palabra amor viene del latín a=sin y mor=muerte, es decir, sin muerte; de otro modo, se podría decir que el amor es “no a la muerte, sí a la vida”. Haciendo una reflexión sobre este significado, entonces cuando se habla de “hacer el amor”, expresión usada comúnmente, habría qué tomar en cuenta varios factores: en principio el hecho de saber si realmente se está dando vida a través del acto. Y no hablo de concebir específicamente, sino de dar vida a las personas involucradas. Si con esa relación se está valorando la vida del otro, si se está entregando todo lo que uno es y no sólo el cuerpo, si no se daña incluso la dignidad de una o ambas personas.

Muchas veces he pensado en la trascendencia social que tiene la castidad... Eso de “conservar la virginidad hasta el matrimonio” ya suena viejo y desgastado, incluso en muchos ambientes es causa de mofa. Sin embargo, ¿cuál es la razón por la que vale la pena? Me atrevo a decir que, desde mi punto de vista, las razones son varias:
  1. Entregarse TOTALMENTE a la persona con la que realmente quieres pasar el resto de tu vida, y saber que es el deseo también de la otra persona compartir el resto de su vida contigo. Esto no sucede durante el noviazgo e incluso ni en la unión libre, si fuera así... ¿por qué no se casan?
  2. No habría punto de comparación entre las diferentes parejas sexuales, es decir, la persona a la que amas se convierte en el (la) mejor amante que has tenido.
  3. Tener una relación sexual, más que ser un “riesgo”, se convierte en una decisión, en una expresión plena de amor, de dos personas que pueden asumir totalmente las “consecuencias” que ésta pueda traer.
Mencioné sólo tres, por no hacer más largo este post, pero realmente encuentro más, y estoy refiriéndome a situaciones generales, quizás ideales en un matrimonio.

Me he encontrado con parejas de novios que deciden casarse por razones ajenas al amor verdadero, por lo que a final de cuentas el matrimonio se torna cansado, aburrido e, incluso en algunas ocasiones, insoportable. Pero esto ya lo comentaré en otro post.

Por ahora concluyo el tema, orando para que las generaciones que ahora están viviendo frustración a temprana edad por la falta de amor verdadero sean capaces de abrir los ojos y darse más valor que el que se puede ver físicamente, siempre a la luz de lo que Dios nos invita a vivir: una vida de amor, una vida en castidad.

viernes, 11 de junio de 2010

La importancia de una sonrisa

La tarde de ayer tuve la oportunidad de visitar el pueblo de Ajijic, Jalisco, uno de los poblados de la Ribera de Chapala, donde se realizó la misa de Clausura del Año Jubilar Sacerdotal, a propósito, del decanato de Chapala.

Fui invitada para "animar" este evento, y creo que la que terminó más animada fui yo: Desde nuestra llegada, la gente que pasaba por la calle, sin conocernos, simplemente nos regalaba una sonrisa.

Muchas veces he leído acerca del valor que tiene la sonrisa, que no hace pobre a nadie y que enriquece mucho, que se ejercitan una cantidad importante de músculos, etcétera.... Al margen de lo que se pueda decir al respecto, creo que la sensación emocional que produce el ver a alguien sonreir, cuando el corazón está dispuesto a aceptar la sonrisa, realmente es una bendición. A mí eso me pasó ayer.

Aún a pesar de algunas complicaciones técnicas, el evento fue muy bendecido, me atrevo a decir que todo un éxito en la extensión de la palabra. Dios actuó, y lo pudimos sentir, nos pudimos gozar, pues nuestros corazones estaban completamente receptivos. Esta es la importancia de la sonrisa a la que me refiero hoy.

Si sonrío, provoco la sonrisa del otro, en la mayoría de los casos, y ese otro puede contagiar a otro, el corazón se doblega y quedamos con el corazón dispuesto.

La invitación de hoy es: Sonríe, aunque aparentemente no haya razón para hacerlo. No sólo será bendecida la persona "receptora", notarás un cambio en la sensibilidad de tu corazón. ¿No lo crees? ¡Inténtalo! y luego me cuentas qué pasa.....

Que Dios te bendiga con su sonrisa!!!

martes, 8 de junio de 2010

¡Comenzamos!

Después de pensarlo, meditarlo, volverlo a pensar.... Me decidí a crear este espacio.

En muchas ocasiones he querido expresar todas las locuras que pasan por mi mente, algunos razonamientos, otras ideas, y pocas veces me he dado la oportunidad de plasmarlo por escrito.

Recuerdo que en mi adolescencia, tenía un "diario" en el cual escribía no sólo lo que me pasaba, sino también las conclusiones a las que llegaba después de tal o cual suceso y, aunque no lo hacía todos los días, sí llegué a hacer un hábito el escribir lo bueno, y sacar ventaja de lo no tan bueno que me iba sucediendo. Así aprendí que lo mejor de la vida no es que todo pase fácil, sino el saber que aún de las situaciones más desagradables podemos aprender y crecer.

Espero crear un nuevo hábito con este blog, exponiendo ideas, sin pretender imponer juicios, sino proponiendo siempre lo que, desde mi perspectiva, podría generar una sociedad más agradable.

Dios les bendiga.