Para ayudarnos en esta reflexión, el P. Luis Alfonso Zepeda, asesor eclesiástico de la Escuela de Evangelización San Andrés Internacional, nos propone cuatro puntos:
1. Allanar los "bordos" que se han levantado. Si en mi vida hay algo que se "me haya subido", hay qué recordar que lo que hago, es gracia de Dios, y mi responsabilidad es hacerlo bien.
2. Rellenar los baches. Todas las cosas desagradables de la vida, esos hoyos que se hacen con las malas actitudes, la falta de testimonio, la falta de oración, etc. Es necesario rellenar esos vacíos, para que el camino se vaya emparejando.
3. Enderezar las veredas "chuecas". Algunas veces la rutina, la costumbre, o cosas peores, nos hacen desviar nuestra atención del verdadero fin de nuestro ministerio: Jesús; y esto va haciendo que nuestros caminos tomen unas figuras extrañas y no el camino recto. El adviento también es un tiempo para ir enderezando lo que se ha desviado.
4. Suavizar las asperezas del camino. Ya lo dice el viejo y conocido refrán (jajaja): "¿Por qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?" El Espíritu Santo nos da la capacidad de llevar a cabo nuestra misión, y realizarla BIEN. Es un buen momento para suavizar el camino, quitar las piedritas, eliminar todo lo que pueda hacer que quienes transitan por él tropiecen o se resbalen. "Las palabras convencen, pero el testimonio arrastra"; que nuestra vida sea más elocuente que nuestras palabras, sobre todo a la hora de anunciar la Buena Nueva.
Ahora sí, hay qué terminar de preparar bien el camino, si bien en el tiempo litúrgico de Adviento, como en el adviento contínuo de nuestra vida, mientras nos encaminamos el encuentro definitivo con Jesús.
Deseo que pases una muy feliz navidad, y que Jesús transite el camino bien preparado en tu corazón, en tu familia, en tu vida.
¡BENDICIONES ABUNDANTES!