sábado, 22 de diciembre de 2012

Preparando el camino...

En la recta final de este Adviento, hace un par de días reflexionábamos acerca de aquello que anunciaba Juan, el Bautista: "Preparen los caminos del Señor...".

Entonces me pregunté: ¿De qué manera estoy preparando ese camino? Suena tan sencillo...

Para ayudarnos en esta reflexión, el P. Luis Alfonso Zepeda, asesor eclesiástico de la Escuela de Evangelización San Andrés Internacional, nos propone cuatro puntos:

1. Allanar los "bordos" que se han levantado. Si en mi vida hay algo que se "me haya subido", hay qué recordar que lo que hago, es gracia de Dios, y mi responsabilidad es hacerlo bien.
2. Rellenar los baches. Todas las cosas desagradables de la vida, esos hoyos que se hacen con las malas actitudes, la falta de testimonio, la falta de oración, etc. Es necesario rellenar esos vacíos, para que el camino se vaya emparejando.
3. Enderezar las veredas "chuecas". Algunas veces la rutina, la costumbre, o cosas peores, nos hacen desviar nuestra atención del verdadero fin de nuestro ministerio: Jesús; y esto va haciendo que nuestros caminos tomen unas figuras extrañas y no el camino recto. El adviento también es un tiempo para ir enderezando lo que se ha desviado.
4. Suavizar las asperezas del camino. Ya lo dice el viejo y conocido refrán (jajaja): "¿Por qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?" El Espíritu Santo nos da la capacidad de llevar a cabo nuestra misión, y realizarla BIEN. Es un buen momento para suavizar el camino, quitar las piedritas, eliminar todo lo que pueda hacer que quienes transitan por él tropiecen o se resbalen. "Las palabras convencen, pero el testimonio arrastra"; que nuestra vida sea más elocuente que nuestras palabras, sobre todo a la hora de anunciar la Buena Nueva.

Ahora sí, hay qué terminar de preparar bien el camino, si bien en el tiempo litúrgico de Adviento, como en el adviento contínuo de nuestra vida, mientras nos encaminamos el encuentro definitivo con Jesús.

Deseo que pases una muy feliz navidad, y que Jesús transite el camino bien preparado en tu corazón, en tu familia, en tu vida.

¡BENDICIONES ABUNDANTES!

martes, 21 de febrero de 2012

¿Por qué ayuno?

En estos tiempos, en que todo tiende a ser más fácil, más cómodo y con menor esfuerzo, nosotros comenzamos a olvidarnos de la penitencia, de darle poco valor, e incluso a ridiculizarla.

Y no es que necesitemos sacrificarnos y hacer penitencia para agradar a Dios, ¡De ninguna manera! Es a nosotros mismos a quienes nos beneficia el privarnos de algunas cosas, y esto nos ayuda a estar libres de las ataduras que no nos dejan vislumbrar a Dios.

No voy a dar razones teóricas ni sacadas de algún libro o manual, simplemente expresaré por qué me parece importante este “sacrificio”.

La Iglesia nos propone algunas formas de ayuno durante la cuaresma, que según la tradición podemos seguir. Escuchaba hace un par de días: “No se trata de ponerse a dieta, sino de sacrificarnos”, y efectivamente, podríamos aprovechar estos días para bajar de peso, y así “mataríamos dos pájaros de un tiro”, pero esta no es la finalidad del ayuno. Tampoco se trata de evitar algo que te hace mal (por ejemplo, la bebida), para, una vez pasada la cuaresma, darle rienda suelta de nuevo (y muchas veces hasta peor). Se trata de privarnos de ese algo que nos hace sentir nuestro cuerpo cómodo (no sólo el alimento), para recordar que hay algo más. Esto ayuda a ejercitar nuestra voluntad. Por ejemplo, si ayunamos de alimento, cada vez que sentimos hambre recordamos que Jesús, en su sacrificio, con la finalidad de cumplir la Misión que El Padre le había encomendado, también sintió hambre y sed, y entonces, con amor, soportamos esta falta de alimento, sabiendo que también tenemos un objetivo: vencer al pecado que nos acecha en cada oportunidad.

La clave está en que el ayuno se haga por amor y con un objetivo, y pierde todo su valor si carece de cualquiera de estas dos cualidades. El amor es el que expresamos al decir que realmente queremos ayudarnos a nosotros mismos y, ¿por qué no? Que otros salgan beneficiados con este ayuno (y no al contrario, que andemos de mal humor todo el día y renegando con quien se nos pone enfrente). El objetivo será entonces, fortalecer nuestra voluntad, ya que al final nos daremos cuenta que somos capaces de soportar tentaciones, porque es Dios mismo quien nos da la fuerza para hacerlo. Te darás cuenta de ello.

Justificaciones para no ayunar, habrá muchas; pero, si Jesús ayunó antes de comenzar su vida pública, entonces estoy segura de que es una práctica que realmente fortalece nuestro espíritu para resistir las tentaciones.

¡ÁNIMO!