martes, 21 de febrero de 2012

¿Por qué ayuno?

En estos tiempos, en que todo tiende a ser más fácil, más cómodo y con menor esfuerzo, nosotros comenzamos a olvidarnos de la penitencia, de darle poco valor, e incluso a ridiculizarla.

Y no es que necesitemos sacrificarnos y hacer penitencia para agradar a Dios, ¡De ninguna manera! Es a nosotros mismos a quienes nos beneficia el privarnos de algunas cosas, y esto nos ayuda a estar libres de las ataduras que no nos dejan vislumbrar a Dios.

No voy a dar razones teóricas ni sacadas de algún libro o manual, simplemente expresaré por qué me parece importante este “sacrificio”.

La Iglesia nos propone algunas formas de ayuno durante la cuaresma, que según la tradición podemos seguir. Escuchaba hace un par de días: “No se trata de ponerse a dieta, sino de sacrificarnos”, y efectivamente, podríamos aprovechar estos días para bajar de peso, y así “mataríamos dos pájaros de un tiro”, pero esta no es la finalidad del ayuno. Tampoco se trata de evitar algo que te hace mal (por ejemplo, la bebida), para, una vez pasada la cuaresma, darle rienda suelta de nuevo (y muchas veces hasta peor). Se trata de privarnos de ese algo que nos hace sentir nuestro cuerpo cómodo (no sólo el alimento), para recordar que hay algo más. Esto ayuda a ejercitar nuestra voluntad. Por ejemplo, si ayunamos de alimento, cada vez que sentimos hambre recordamos que Jesús, en su sacrificio, con la finalidad de cumplir la Misión que El Padre le había encomendado, también sintió hambre y sed, y entonces, con amor, soportamos esta falta de alimento, sabiendo que también tenemos un objetivo: vencer al pecado que nos acecha en cada oportunidad.

La clave está en que el ayuno se haga por amor y con un objetivo, y pierde todo su valor si carece de cualquiera de estas dos cualidades. El amor es el que expresamos al decir que realmente queremos ayudarnos a nosotros mismos y, ¿por qué no? Que otros salgan beneficiados con este ayuno (y no al contrario, que andemos de mal humor todo el día y renegando con quien se nos pone enfrente). El objetivo será entonces, fortalecer nuestra voluntad, ya que al final nos daremos cuenta que somos capaces de soportar tentaciones, porque es Dios mismo quien nos da la fuerza para hacerlo. Te darás cuenta de ello.

Justificaciones para no ayunar, habrá muchas; pero, si Jesús ayunó antes de comenzar su vida pública, entonces estoy segura de que es una práctica que realmente fortalece nuestro espíritu para resistir las tentaciones.

¡ÁNIMO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario